martes, 8 de noviembre de 2011

lo encontré surfeando

 Luis Acebes


La determinación 
con la que muchos viven 
me cansa,
como me cansaría la supuesta
alegría de agua
saliendo de un grifo
durante años.
No tengo nada
en contra de los formulismos
que le ponen más caballos de vapor
falsos
a los lunes
y a las intenciones
y hasta a las listas del supermercado,
enalteciendo
la rutina hasta el paroxismo,
negando algo tan básico
como
limitaciones,
contradicciones
e inconsistencias.

Las mujeres que hacen
mucho ruido al caminar,
allá ellas: es su vida
y son sus tacones, pero me cansa
su creencia de que todo
puede ser un juego de sobremesa
con dados que lanzar
y muecas ganadoras,
llegado el caso.

Pero es cierto, lo reconozco,
me cansa
que lo que rodea a tanta gente
me haga pensar
en diferencias parceladas,
espacios electrificados
dotados de sus propias estaciones,
policía y planetas.
Mi diferencia con ellos es ostentosa
por lo simple de mi parafernalia
y los pocos ruidos
que hace mi cuerpo al pasar.
¿Tendría que comprarme un tambor
o una noria chirriante
o prendas luminosas?
Lo más económico sería
un tubo de escape conectado al alma
(es un decir, no sé si funcionaría)
para que saliera todo esto
sin necesidad de sentarme
y escribir.